“De la rigidez y la incredulidad a la apertura para compartir la magia y la transformación
del alma, aprendí a escuchar mi voz interna y caminar de la mano con mis guías.”

Nací en Venezuela y, a finales de la pandemia, emprendí el viaje hacia Italia sola con mis
dos hijos menores. Mi hijo mayor permaneció en Venezuela para culminar su carrera y
luego reunirse con nosotros, mientras que mi esposo, que vivía en Dubái, estuvo
separado de la familia durante dos años debido a la pandemia, hasta que finalmente
logramos reencontrarnos en Italia. Para ese momento, ya llevaba también más de tres
años sin compartir físicamente con mi mamá y mis hermanos.

Desde siempre tuve el deseo de estudiar Psicología, un sueño que no llegué a concretar,
por lo que decidí formarme como Licenciada en Administración, mención Mercadeo. Sin
embargo, esa pasión por comprender la mente y la esencia del ser humano permaneció
viva en mí, hasta que años más tarde me atreví a dar el paso y me formé como Máster en
Programación Neurolingüística.
Posteriormente me especialicé en Psicopintura, y allí comenzaron a despertar los dones
que había mantenido ocultos por tanto tiempo. Para alguien como yo, que se consideraba
incrédula y con una mente rígida, abrirme a esas capacidades superiores fue una
experiencia tan transformadora como inesperada. Poco a poco la energía me fue guiando
hacia el camino que realmente debía recorrer, y así comencé a formarme en diversas
áreas como Terapia de Respuesta Espiritual, Reiki, Numerología, Geometría Sagrada,
Biomagnetismo y otras terapias energéticas y alternativas, que hoy sostienen mi propósito
de vida.

Cuando llegamos a Italia, podría decirse que lo hicimos coronados de bendiciones.
Empezamos a construir nuestra vida en un lugar maravilloso, aunque al inicio intenté
integrarme buscando trabajo y me encontré con obstáculos, la barrera del idioma y mi
edad, que ya con 47 años no era aceptada para trabajar como administradora. Tras 19
años de experiencia como administradora en nuestra propia empresa de informática,
comprendí que ya no deseaba seguir en ese mismo camino de rigidez mental. Con el
apoyo de mi esposo, decidí dar un giro profundo a mi vida y atreverme a poner al servicio
los dones que por tanto tiempo guardé con miedo, temiendo ser juzgada o considerada
fuera de lugar.

Ese mismo año, estando en Italia y con parte de mi familia en Estados Unidos, me tocó
despedir a mi mamá a través de la pantalla del celular, un día celebramos su cumpleaños
y al siguiente nos dijimos adiós. Esa experiencia me mostró con claridad que la vida es un
regalo, que el amor es lo que verdaderamente sana y que, aunque no haya presencia
física, siempre podemos estar unidos desde el corazón. Antes de partir, ella me dejó una
tarea y decidí cumplirla con devoción hasta que sienta que está completada, acompañada
siempre por Dios y por mis guías.
Desde entonces comencé con mis consultas como terapeuta holística y, con el tiempo, me
transformé en Mentora Holística y Reprogramadora del Inconsciente.
Hoy puedo decir que mi vida como migrante ha sido un regalo sagrado. Me ha permitido
dar forma a mi proyecto de vida, conectar con personas maravillosas, vivir experiencias
profundamente transformadoras y comprender que, cuando nos abrimos a recibir las
bondades del universo, podemos experimentar una vida plena, en paz y en armonía.
Mi lema es simple y profundo: todos podemos tener una vida hermosa, regalarnos el
placer de vivir y, aun en medio de circunstancias difíciles, siempre elegir el camino que
nos acerque a nuestra esencia. Las barreras son solo mentales y, cuando logramos
trascenderlas, abrimos la puerta para alcanzar nuestros sueños y propósito.