Mi historia
Hace tres años crucé fronteras por amor. Con la mudanza llegaron también mis miedos, mis despedidas y mis nuevos comienzos.

Nací en la sierra ecuatoriana, rodeada de montañas que aún hoy me habitan, aunque ya no pueda verlas. Ese duelo silencioso es parte del camino de migrar.
Cuando mi título de Psicóloga Clínica no fue reconocido, sentí un quiebre. Pero ese momento también me reveló una verdad profunda: no soy solo un título. Soy mi historia, mis aprendizajes y mi capacidad de acompañar, más allá de cualquier validación externa.
En este proceso aprendí a poner límites, a decir “no” sin culpa, a no esconder mi voz ni mi acento. Dejé de buscar agradar todo el tiempo y comprendí que mi forma de abrazar, de expresarme y de querer también son parte esencial de mi identidad.
Migrar me mostró el poder de sanar lo que había guardado en silencio durante años. Y hoy sé que solo desde esa experiencia puedo acompañar a otros a mirar hacia adentro.

Mi propósito
Desde esta convicción he creado un espacio psicoeducativo para madres y padres que desean sanar su vínculo con sus hijas e hijos. A través de un acompañamiento amoroso y consciente, encontrarás herramientas para transitar la crianza de manera diferente: con más presencia, conexión y menos culpa.
Creo firmemente en esto: sanar es abrir caminos para que otros no tengan que repetir las mismas heridas. Porque la clave está en transformar el vínculo, y desde allí, generar nuevas formas de relacionarnos, criarnos y crecer juntos.